8/2/12

A Gentalha do Pichel


A Galicia plural e libre que desexamos necesita locais como a Gentalha do Pichel que pon dos nervios a alcaldes desaprensivos máis próximos á ultradereita cá outra cousa. Non compartimos nin as teses lusistas nin algúns dos plantexamentos ideolóxicos dos responsables deste foro cultural, e que? Compostela conta cunha entidade aberta a todos, con conciencia social e compromiso, conceptos non moi queridos para o sistema caciquil galego. Nesta Gentalha do Pichel terá lugar mañá xoves 9 de febreiro unha xornada arqueolóxica, ás 20:30, moderada polo benquerido Xesús Amado, hoxe técnico cultural no concello santiagués pero que durante máis de quince anos estivo coordenando numerosos proxectos de avalación e corrección de impacto arqueolóxico por toda Galicia. Participarán como ponentes o arqueólogo Antóm Malde, curtido en mil batallas nas dúas últimas décadas, director do proxecto arqueolóxico da Pena Furada, e Manuel Gago, xornalista e divulgador que leva unha boa tempada difundindo na rede os seus traballos de campo por este curruncho da Europa. De seguro que será unha boa velada, como dicían os vellos:
Esta noite hai unha rúa,
esta noite hai espadela,
bótame caldo, mi madre,
que eu tamén hei de ir a ela.

7/2/12

Castiltejón 2011: resultados


Nos cuarteis de inverno o equipo dirixido por Víctor Bejega, Eduardo González e Alfredo González sistematizou toda a información rexistrada na escavación arqueolóxica que desenvoltamos no Cueto de Castiltejón en Puebla de Lillo, como lembraredes os e as seguidoras de arqueoneixon. Vía www.guerraenlauniversidad.blogspot.com podedes dscargarvos o amplo informe desta interesante intervención arqueolóxica. Divulgación en tempo real. Parabéns aos nosos colegas de Laciana e la Virgen del Camino.

http://unileon.academia.edu/VictorBejegaGarcia/Teaching/31626/Informe_Castiltejon_2011_Arqueologia_de_la_Guerra_Civil_en_el_Frente_de_los_Puertos



Fotografía: xornada de portas abertas na escavación do Cueto e Castiltejón en setembro de 2011.

3/2/12

¿Manos limpias?


En ningún país del mundo, ni en ninguna época de la historia, ha existido una diferenciación tan abierta y prolongada entre los ciudadanos como esta que nos separa rabiosamente a los españoles desde hace 25 años. Bajo las hipócritas apariencias de benignidad -impuestas a contrapelo por las exigencias del mundo exterior- en España no sigue habiendo otra cosa más que vencedores y vencidos. No importa que nosotros mismos, los demócratas y liberales que quedamos de la parte de acá, se la hubiésemos ayudado a ganar. No teníamos otra opción que hacerlo así o ir al paredón, cuando no a desengrarnos lentamente en una cuneta, en uno de aquellos trágicos amaneceres. Quizá las generaciones venideras nos tachen de cobardes, y en cierto modo tendrán razón. Sin embargo, había que haber vivido el terror que nosotros sufrimos, sentirse, como nosotros, inermes, desarticulados e impotentes, para comprender que sólo un heroísmo desesperado, con la previa y absoluta seguridad de ser arrollados, podría habernos valido en una lucha tan desigual.
No; no hemos sido heroicos, pero tampoco fuimos cobardes. Frente a lo uno y lo otro, hemos mantenido, venimos manteniendo día a día, nuestra inquebrantable rebeldía interna, nuestra esperanza y nuestra fe en una España democrática y culta. No nos hemos resignado jamás.


Xosé María Alvarez Blázquez: "Nosotros, los vencidos". (Vigo, 29 de maio de 1962).
En revista Murguía, 23-24(2011): 19-24. Edición comentada por Celso Álvarez Cáccamo.

Figura: "A derradeira lección do mestre", Galicia mártir (1937), Castelao.

Ellos, los vencedores


Tenemos la tremenda sensación de haber sido defraudados. De que se nos ha dado una vida, no para que la vivésemos, en nuestro beneficio y en el de los demás, como cada hombre libre del mundo, sino para que alguien nos la viviese, dictándonos a su antojo sus normas y consignas -una palabra absurda, que durante años viene machacando nuestro cerebro-, y haciéndonos ver a cada instante que bastante era si se nos permitía seguir viviendo, como la planta tierna que vemos pasar y por impulso caprichoso podemos desmochar de un puntapié. Todos tenemos a nuestro lado uno, diez, veinte dictadores de éstos; son los que aún nos recuerdan -al cabo de 25 años- que la guerra la han ganado ellos, como si se hubiese tratado de una cacería en la selva y nosotros, los vencidos, fuéramos ahora fieras enjauladas, para servicio y diversión de nuestros múltiples amos. Incluso oímos hablar, cuando el temor a perderlo todo les asalta, de "una segunda vuelta". Por lo visto, ese millón de muertos les ha parecido poco, y ellos cuentan de antemano con la seguridad de que tampoco en esa nueva ola de terror que propugnan les toque una bala. Es natural, después de todo, que piensen así, ya que las balas las tiene ellos; no en vano han ganado la guerra.

Figura: estampa de Castelao.

Nosotros, los vencidos


Nosotros éramos el germen de una España mejor. Nosotros, los vencidos. Los que en el año 31 teníamos 15 años y en el 36 los 20 precisos para tomar un fusil y lanzarnos, sin saber aún por qué, a la lucha fratricida. Pronto, sin embargo, lo supimos.
Habíamos quedado de la banda de acá, porque el azar de la contienda así lo dispuso. La Historia española, desde hace siglos, acaso milenios, se reduce a estar en una u otra banda, siempre acá o allá, y siempre a la fuerza. Nunca se le ha permitido al español que eligiese su destino, ni siquiera en las airadas circunstancias bélicas, que han sido la casi única circunstancia peninsular. Por eso, precisamente, por el continuo guerrear nuestro, el libre albedrío es planta absolutamente desconocida en el país. La juventud ha andado siempre a trompicones, sirviendo de carne de cañón, malogrando sus impulsos creadores y generosos. España, en realidad, nunca ha tenido juventud. Si nos hubiesen dejado la nuestra en paz, nosotros hubiésemos sido el germen de una España mejor.
Habíamos nacido a la vida del pensamiento en una época nueva. Habrá que decirlo pronto: habíamos nacido con la república del 31, la mejor promesa de regeneración nacional, la auténtica ocasión perdida, que también los pueblos tienen, como los hombres, y que ya raramente se repite. Nosotros sabemos que, pase lo que pase, aquella ocasión, con todo lo que tenía de ancho y noble, jamás se podrá recuperar. Se ha hablado de un millón de muertos; pero esto es sólo una cifra fría, por más que asombre. Bastaría un muerto, tal vez; bastaría el inmenso dolor de cada muerte, que pesará para siempre sobre los hombros de cada uno de nosotros. No es un millón; somos treinta millones, y aún esto es poco. Es el atasco desesperado de la vida nacional, el triste legado que heredarán nuestros hijos; es, por encima de todo, el salvaje desprecio con que ha sido tratada la dignidad humana.


Fotografía: Álvarez Blázquez (dereita) durante a descuberta das famosas estelas galaicorromanas de Vigo.

Álvarez Blázquez


No me ilusiona la idea de estar escribiendo un texto arqueológico, de esos que la casualidad desempolva al cabo de los lustros, para pasto de eruditos y papanatas. No, si escribo ahora -Septiembre de 1962- es porque necesito comunicarme ahora con mis semejantes. Y esto, ¿cómo podrá ser, si nada ha cambiado en el Estado policiaco español?
Rabia. Ver como octoxenarios e octoxenarias suplican xustiza para os seus mortos no Tribunal Supremo. Neste Estado de Dereito (co que se enchen a boca os patriotas) estamos asistindo a unha farsa sen parangón no mundo. Unha filla de asasinado polos falanxistas saiu da súa declaración esbagoando, preguntándose se tería que agardar 75 anos máis pola xustiza pero que por ela xa abondaba: que me borren de española, chegou a dicir.

O paragrafo de arriba foi escrito por Xosé María Álvarez Blázquez, mestre, galeguista, editor e arqueólogo. Seu pai, o médico Darío álvarez Limeses, de Izquierda Republicana, fora fusilado na Alameda de Tui o 30 de outubro de 1936. O seu fillo Celso Álvarez Cáccamo publica na revista Murguía, 23-24, un documento inédito, escrito do pulso e letra de seu pai, titulado Nosotros, los vencidos.

2/2/12

O vello cartafol


E ti que vas ser de maior?
Arqueólogo, dixo el. Talvez. Lera un tratado e atraérao, máis que o propósito mesmo de atopar algo, o método. Era un traballo silencioso. Ese preámbulo de cuadricular un espazo e facer a escavación. Era un método que servía para todo tempo. Non só para as ruínas do pasado.
Manuel Rivas, Os libros arden mal
En 1985 decidín ser arqueólogo de maior. Entusiasmado, reutilicei dúas esquencidas papeletas laranxas para votar aos candidatos a senadores nas eleccións xerais. Nunha delas, no reverso, debuxei o mapa da Hispania romana coas súas provincias, co limes da Gallaecia nun amarelo rechamante, mentres que a outra folla rematou pegada con celofán na porta do meu cuarto cunha mensaxe que condensaba toda unha ilusión infantil: Laboratorio de Arqueoloxía. Esta imaxinaria institución trouxo como resultado dúas caixas con cerámicas recollidas en superficie en diversos xacementos do NW e un cartafol con recurtes de prensa das intervencións arqueolóxicas que se desenvoltaban na Galicia de 1987-1989. Eu facía as fotocopias das novas arqueolóxicas dos xornais na Biblioteca Pública de Pontevedra. Non deixei de pensar nisto estes días ao ver as reportaxes de prensa sobre a tese que vimos de defender na USC.Como hai 23 anos, recurtei esas noticias e gardeinas no vello cartafol onde repousa un soño de neno feito realidade.

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/01/galicia/1328109964.html
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/01/31/galicia/1328042715_581971.html
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/ocioycultura/2012/02/01/tesis-rompe-topicos-castrenos/0003_201202G1P38993.htm